Mezcla los ingredientes secos: En un tazón grande, mezcla la harina, sal, azúcar y polvo de hornear. Si deseas darle un toque especial, puedes agregar un poco de orégano o ajo en polvo para hacerlos más sabrosos.
Agrega el agua: Incorpora el agua poco a poco y comienza a mezclar con una cuchara de madera hasta que se forme una masa. Si decides usar mantequilla derretida, añádela en este momento para darle un toque extra de suavidad y sabor.
Amasa la mezcla: Coloca la masa sobre una superficie plana y amásala durante unos minutos, hasta que quede suave y homogénea. Si la masa está demasiado pegajosa, agrega un poquito más de harina, pero asegúrate de no agregar demasiado, ya que la masa debe quedar un poco elástica.
Forma los palitos: Divide la masa en pequeñas porciones y haz bolitas con ellas. Luego, estíralas con las manos o con un rodillo, formando pequeños palitos (del tamaño que desees). Puedes hacerlos más finos o gruesos, ¡según tu preferencia!
Hornea los palitos: Precalienta el horno a 180°C (350°F). Coloca los palitos en una bandeja de horno forrada con papel pergamino, dejando algo de espacio entre ellos. Hornéalos durante unos 10-15 minutos, o hasta que estén dorados y crujientes por fuera.
¡Listos para disfrutar!: Una vez que los palitos estén listos, sácalos del horno y deja enfriar un poco. ¡A disfrutar! Son perfectos para acompañar una sopa, como snack en la merienda o para una comida ligera.
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